jueves, 9 de junio de 2011

Amor a un metro.

Tendría que empezar a explicar cosas trascendentales para que la gente entrara más a mi blog, pero realmente me da pereza.


Sigo sin tener nada interesante que contar, al menos no que quiera escribir, ya que las cosas personales, u opiniones sobre ciertas cosas o hechos, prefiero reservarlos para mi fuero interno. Que quiera o no es muy rico y variopinto. 


Hoy en el curro hemos mirado el volumen de trabajo que hay en mi departamento, y soy la tercera en cabeza como la que mas trabajo tiene, y eso que se metian conmigo porque encima tengo tiempo libre, alucino.... Hoy hasta un compañero me ha preguntado si nuestroo superior sabia el volumen de trabajo que teniamos, porque no entendia porque me daba tanta caña xDD...inocente!! porque la confianza da asco, porque me quejo por todo (no de que tenga mucho curro, pero si de que sean unos inutiles) y ha ningún jefe le gusta que sus empleados se quejen, o tener que trasladar las quejas a los superiores...pero pasando de todo que yo soy mas feliz así. 


Os pongo un relato que presenté a un concurso, que hice en media hora y que no tenía ninguna posibilidad de ganar, pero bueno, jeje....
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Sentada en el tercer vagón del la línea 9, mientras tenía entre mis manos uno de mis adorados libros, una imagen del recuerdo perforó mi mente. Unos ojos brillantes y azules rodeados de las pestañas mas espesas y negras que había visto en mucho tiempo.
Hacía un tiempo, cuando yo era una niña me encontré con esos ojos en la línea 1, pertenecían a un niño de aproximadamente mi edad de aquella época, unos 13 o 14 años. Vestía una camisa blanca, y unos tejanos de color azul. Se puso justo delante de mí. Su piel era pálida, tanto que hacía resaltar esos ojos aun más. Su cabello negro caía sobre su frente, rozándole las pestañas y me dejó hipnotizada.
Recuerdo que pensé que se trataba de un ángel bajado del cielo con la sonrisa mas bonita que jamás había visto.
Durante unas cuantas paradas, estuvimos uno frente al otro, yo tan perdida en su mirada que apenas podía avanzar en mi lectura. Pero la conexión se perdió cuando mi parada llegó y tuve que bajar sin poder saber si alguna vez, en algún otro sitio podría encontrar de nuevo aquella mirada.
Sí, era exactamente igual que en aquel instante, leyendo mi libro preferido, pero con 12 años más sobre mi espalda.
Me hizo feliz acordarme de la inocencia de aquella niña que habitaba en mi. Como una simple mirada movía mi mundo. El impulso de aquella imagen me arrancó una sonrisa radiante. Mis ojos lagrimearon de la emoción. Aparte la vista de mi libro, miré hacia delante y mi cara de sorpresa se despertó.
Frente a mí, 12 años más tarde, aquellos ojos volvieron a mirarme. Aquella sonrisa mágica, aquel pelo negro algo más corto, y aquellas espesas pestañas que me perdían, todo ello era igual, pero ya hecho todo un hombre.
Quise pensar que el también me recordó, que también fui un recuerdo de su niñez, solo se que me sonrió, se acercó a mí y se sentó a mi lado.
A través del cristal de la ventana que quedaba frente a mi pude ver sus expresiones. Cambiaba de idea, se notaba en sus continuas muecas mientras miraba al suelo.
Al fin se giró, me sonrió y su voz sonó a gloria cuando me preguntó.

- ¿Eres aquella niña, verdad?
- Entonces ¿me recuerdas?

Con esas dos simples frases supimos que aquella experiencia fue algo inolvidable para ambos. Así fue como volvimos a contactar, como esta vez, siendo adultos nos facilitamos datos de contacto, y como gracias a un viaje en metro encontré a la persona que estaba destinada a mi. A aquel que estuve esperando y que hizo volver la magia a mi corazón. Creo que esa sonrisa que al mirarle despertaba en mí nunca la volveré a perder, porque el sueño de una joven se hizo realidad.
Y ya dicen que cuando encuentras el amor el mundo se tiñe de rosa, y la otra persona se ilumina como un ángel, que te llena la de alegría y emoción, al igual que dice el dicho que el amor se encuentra cuando menos te lo esperas, y que más vale una triste sonrisa que la tristeza de no saber sonreír, porque nunca sabes quien te puede estar mirando.


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