martes, 8 de noviembre de 2011

Espejismos

Hoy os dejo con un escrito que acabo de hacer:

No comprendo la obsesión que se siente por el amor. ¿Por qué? ¿Por qué aunque no lo hayas conocido, sientes que no puedes vivir sin él? Todo se siente vacío, como una gran burbuja en el que en el centro de ella estás sentado tú, aferrándote a tus rodillas y escondiendo detrás tu rostro, tratando de ocultar las lágrimas que se derraman por algo que si siquiera has conocido.
El corazón duele, y sientes que nada podrá sacarte de tu miseria. Todo es imperceptible, intangible, como un espejismo, casi dejándote claro que estas solo.
Cuando al fin crees ver un resquicio de amor, tienes miedo de tocarlo, tienes miedo del espejismo que se está creando. Donde te estás sumergiendo, porque sientes que si tienes una prueba de su veracidad, pueda desintegrarse entre tus dedos, y vives con miedo, con tanto temor a que la esperanza muera de nuevo...y lloras también por ese temor, por esa locura que crece dentro de ti y que crees no poder controlar. Es una bola de fuego que te abrasa y te consume. Es más fuerte que tú y te arrastra a un mundo donde el centro dejas de ser tú, para convertirse en aquello que más valoras.
En ocasiones la pesadilla se hace realidad. Después de mucho meditar tus sentimientos y lo que esa persona es para tú mundo, decides dar un paso, y el abismo se cierne bajo tus pies. Una gran brecha se abre ante tus ojos dejando a aquel que guarda tu corazón y tu razón al otro lado. Separándote del raciocinio, la locura se echa encima tuyo, y no sabes cuando dejar de llorar. No es posible que la esperanza sea tan frágil. No es posible que todo se acabe tan fácilmente. Después de tanto valorarlo, de ir con tanto cuidado, de mimar y resguardar esa pluma de esperanza entre tus brazos, tratando de que nadie pueda destruirla, se desmorona. Todo tu mundo cae y te arrastra de nuevo a esa burbuja que te rodeaba. A la soledad y al terror de sentir de nuevo que el mundo deja de existir, volviendo lo que antes era una frágil burbuja de jabón a un muro de ladrillos.
Con cada golpe a tu quebradizo corazón esa burbuja cambia de material, haciendo que en cada ocasión sea más difícil llegar a creer que lo que existe fuera sea real. Sientes que la seguridad de tu escondite es tu salvaguarda más segura para no sentir más la presión y la desilusión de un falso sentimiento que aun nadie te ha dejado probar.

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