jueves, 29 de marzo de 2012

encuentro

Esa sensación cuando todo el cuerpo te hormiguea, la piel se eriza, y los ojos se nublan. No sabes el motivo pero tiemblas de emoción. Te giras y ves en la misma habitación unos ojos verdes que parecen atraer toda la luz de la habitación y son el único foco de tu atención. Notas que su mirada se clava en la tuya y el temblor se intensifica. No sabes aun el motivo, pero su mera presencia, su mirada sobre tu cuerpo te hace arder por dentro y tu estomago se contrae. Sientes mareos y solo quieres que la distancia se acorte.
Empieza a caminar lentamente hacia ti. Los nervios te juegan una mala pasada y crees ser una gelatina temblorosa. Tus piernas vibran y casi no pueden sujetarte.
Es entonces cuando él llega hasta ti y se acerca hasta que prácticamente las puntas de sus pies se alinean con las tuyas.
Su mano se alza y acaricia tu rostro y retira un mechón de pelo para rozar con sus dedos tus mejillas, baja la mano hasta tu barbilla. Su aliento roza tu cara y tus pestañas revolotean. Parpadeas, como una mariposa asustada.
Crees que es un sueño.
Con sus labios acaricia tu mandíbula, dejando allí donde te a rozado un reguero de fuego apasionado.
Tus ojos lagrimean y no te crees capaz de mantener las lágrimas a ralla.
La cabeza te da vueltas, y más vueltas. Sientes que vas a caer al suelo si no besa tus labios y los desata del sufrimiento más cruel que crees que te han infligido.
Y entonces suspiras, dándote cuenta de que has mantenido todo ese rato la respiración.
Él gira la cabeza y tortura tu piel con sus pausados besos por toda la extensión de tu rostro. La sien, los parpados, la frente y de vuelta a las mejillas, para posar un ultimo beso en la comisura de tus labios.
Al fin mueves la cabeza, buscando el secreto que esconde. Tratando de robarle un beso, pero solo consigues que se aparte y esboce una sonrisa torcida que sabe que te hará, de un modo traicionero y seguro, derretirte por completo por aquel desconocido.
Baja su rostro y besa tu cuello, mientras con sus manos te rodea la cintura y la nuca. Consiguiendo así tenerte sujeta y quieta.
Te sientes como la presa de un predador peligroso, pero la atracción es inevitable, astuta, certera...te dejarías hacer cualquier cosa.
Es entonces cuando al fin vuelve su rostro a posicionarse frente al tuyo y te ahoga en un beso tan devastador que las piernas ceden totalmente y es él el que te sujeta fuertemente contra su cuerpo.
Las bocas juegan y crean un volcán de lava en erupción en todo tu cuerpo. Tus brazos cobran vida y se abrazan a su cuello, tus piernas te vuelven a sujetar, y el mundo, su cuerpo y el tuyo, dejan de existir. Todo se funde en uno y es cuando pierdes de vista la razón de la existencia. Ya no estas en un paraíso terrenal, has pasado a estar en un cielo de fuego y llamas llamado pasión.